Trastornos de conducta alimentaria: La conciencia de “enfermedad/problema” y la motivación para el cambio.

Propongo a continuación una serie de 5 artículos en los que expongo una forma de entender y abordar el tema de la conciencia de enfermedad y la motivación para el cambio en personas que sufren trastornos alimentarios aunque creo que estas reflexiones pueden ser aplicadas a muchos otros asuntos que en algún momento todos y todas hemos enviado a ese lugar oscuro de la no consciencia. Será satisfactorio para mí, si, especialmente a familiares y a otros profesionales les sirve en la relación con una persona con anorexia, bulimia u otro trastorno alimentario.

Podríamos pensar que cuando alguien tiene una dificultad más o menos evidente con la comida y el peso que está modificando sus hábitos, relaciones y su aspecto físico, la persona debería estar dispuesta a pedir ayuda rápidamente para solucionar el problema. Desafortunadamente esto no sucede siempre. A veces, la persona no considera que eso que piensa, siente y hace con la comida y con su cuerpo, sea un problema. Incluso a veces puede pensar que su problema es su solución (lo explico más adelante). Esta situación genera mucha impotencia a la familia y también a nosotros, los profesionales, cuanto más dure más se agrava el problema.

Esto ocurre en lo que venimos llamando una primera fase de todas las que la persona va a transitar durante su proceso de recuperación de un trastorno alimentario. Estas fases son como un camino que la persona va a tener que recorrer, desde un lugar estrecho y con muy poca luz a un lugar más claro y amplio.

Las dos teorías que más me gustan para ayudar a comprender como va siendo este proceso, son; la teoría del Modelo del Cambio de Prochamska y Diclemente, la llamaré Modelo 1 y la teoría del Ciclo de Satisfacción de Necesidades o ciclo de la experiencia de Joseph Zinker, modelo 2.

El Modelo del Cambio (Modelo 1) está orientado a ver cómo una persona con un trastorno mental o una adicción se posiciona respecto a su problema para solucionarlo o tratarlo, tiene 5 fases:

– Pre-contemplación. 
– Contemplación
– Preparación para la acción
– Acción
– Mantenimiento

El Ciclo de Satisfacción de Necesidades (Modelo 2), está orientado a describir las fases por las que un organismo sano pasa para satisfacerse, pero también indica las formas como el ser humano interrumpe neuróticamente la satisfacción de estas necesidades.

Tiene 6 fases:

– Reposo/homeostasis

– Represión

– Sensación

– Proyección

– Conciencia

– Introyección

– Energetización

– retroflexión

– Acción

– deflexión

– Contacto/satisfacción

Aquí empieza este primer artículo que deseo que aporte un poco más de luz a este tema:

1ª fase: Pre-contemplación (modelo 1) o fase de reposo (modelo 2): 

La pre-contemplación indica el momento previo a tomar conciencia o a mirar algo, lo positivo es que el propio término nos recuerda que la toma de conciencia está por venir. 

Podemos situarlo en la fase de reposo del modelo 2 porque es un momento plácido en el que la persona no identifica ningún desajuste interno y por lo tanto  hay una situación de Inacción. Esto ocurre con la ayuda del mecanismo de evitación de la represión, que consiste en apartar de la conciencia aquello que creo que no puedo asumir. Pero ¿por qué no miro eso que hago y que parece que los demás si ven?

La percepción de que un “problema” es “solución”, responde a la lógica de lo neurótico, que cabalga entre la emergencia de una necesidad que clama por ser satisfecha, la creencia real o fantaseada de no disponer de los medios necesarios para satisfacerla y el encuentro de una necesidad sustitutiva que si puede satisfacerse y da una falsa sensación de alivio.

Esa necesidad real que no ha sido satisfecha sigue presente en forma de energía que genera inquietud, ésta inquietud ayuda a continuar satisfaciendo la necesidad sustitutiva, convirtiéndolo así en un bucle del que es difícil salir.

Imaginemos a alguien que siente que no es suficiente, que nada de lo que hace es lo bastante bueno, esto puede deberse a un alto nivel de exigencia familiar, que al final acaba siendo también exigencia que la persona hace suya. Lo que puede estar sintiendo realmente esta persona, es que no es querida por como es. Lo que necesita (muy poco conscientemente) es ser querida como es (por sus padres y por ella misma después), pero no lo logra (siendo esto una percepción o vivencia subjetiva. Empieza así una rutina de “salud y belleza” dieta, deporte…etc… logra ciertos resultados rápidos (pérdida de peso, mejora del estado anímico, mejora de su piel o cualquier otra consecuencia agradable de estos nuevos hábitos), se siente satisfecha consigo misma como nunca antes se había sentido. Incluso puede que sus padres se sientan, en algún momento, orgullosos por su esfuerzo. Esto es lo que ella necesitaba… aparentemente, de modo que continúa con ello. Ahora empieza a suceder que en ocasiones no puede con tanto control y falla (se come un alimento procesado, calórico, insano), la frustración entra en juego cada vez con más fuerza porque proviene del asunto primario (no sentirse querida como es, por su familia y por ella misma) y este otro asunto la alimenta, así que cada vez que se asome el sufrimiento ella pondrá más control a sus hábitos alimentarios porque es la única manera en que se siente aliviada momentáneamente. Este es un ejemplo de lo que yo veo en consulta, muy simplificado para su comprensión, cada persona es diferente y su asunto personal es único, con matices, experiencias traumáticas, recuerdos desagradables que explican su sentimiento de infravalor.

Hasta aquí hemos visto que tenemos a alguien que ha desarrollado un funcionamiento patológico que le sirve en ese momento. Este, tiene la característica de ser impulsivo, adictivo y evitativo; es una acción rápida, no meditada, produce un alivio, protege ante lo que asusta (la imposibilidad de satisfacer la necesidad real) y solventa de forma inmediata el sufrimiento. Por estas razones es fácil que se viva como algo necesario y beneficioso. Lo que se deja fuera de la conciencia, es lo que no cuadra con esta vivencia; los momentos malos, el malestar físico, la rabia o la tristeza… todo esto siempre está debajo y la persona procura taparlo, cuando se le puede ver esto y señalarlo, mi experiencia me dice que, si se lo deja sentir, esta etapa terminará pronto.

Al haber conciencia únicamente de los beneficios que le reporta su conducta, la persona la justifica hábilmente. Los mensajes publicitarios y los discursos sociales sobre la alimentación y la belleza física contienen todo lo que una persona que sufre anorexia o bulimia necesita para explicar y convencer de que lo que hace es lo correcto; aquí la batalla está perdida de antemano, es importante no empezarla.

Algunas veces, me he encontrado con chicas muy jóvenes, que se sienten bien siendo anoréxicas o bulímicas, incluso usan pulseras para reconocerse y se comunican en las redes sociales identificándose como Anas y Mias. Buscaban ser algo, y lo han encontrado, tienen una identidad y pertenecen a un grupo, cosas muy valiosas para una pre-adolescente. No niegan ser anoréxicas, si niegan que eso sea un problema.

Podríamos hablar de “luna de miel” respecto al trastorno, como si fuese un idilio con algo que las hace sentir muy fuertes, valiosas, bellas, poderosas.

 

En la anorexia nerviosa, la asociación es, en realidad, sencilla; se logra una pérdida de peso que mejora falsamente la seguridad en una misma y esta seguridad produce un efecto positivo en su vida social, sentimental… y produce la asociación “equivocada” de que “si estoy más delgada, me va mejor, me hacen más caso, gusto, me quieren…”

En cambio las personas que padecen de bulimia nerviosa, toman conciencia de problema antes, debido a que aunque de base el trastorno es el mismo (necesidad patológica de adelgazar y comer sano, miedo patológico a engordar) los síntomas son diferentes; atracones y purgas recurrentes que pueden provocar sobrepeso y que aunque se compensen con horas o días de restricción, sólo son antecesores del nuevo episodio de atracón y purga. 

La persona sufre mucho con este descontrol y percibe esto como problema muy pronto. En este caso sigue dejando fuera de la conciencia de problema la necesidad de adelgazar y controlar.

Qué hacemos durante esta fase:

No hay grandes fórmulas en este periodo. La sensación de impotencia es frecuente. Se espera algo que no ocurre, debemos prepararnos para ello.

Comprender que esto es una fase, esperar que sea la persona la que vaya tomando conciencia, confiando en que esto ocurrirá, puesto que el vacío y la desorientación que provoca la conducta, en algún momento se harán insostenibles. 

Observar y sobretodo no confundir la expectativa. Podemos querer que se dé cuenta de lo que hace, pero no es recomendable querer que deje de hacer lo que hace. Si pretendemos esto, entraremos en guerra y cerraremos la puerta a que la persona nos pida ayuda cuando esté preparada.

Es igual de importante NO facilitar el síntoma ni normalizarlo, no adaptarse a él, ni modificar nada. 

Actuar como si el síntoma no existiera.

Es decir no normalizar comportamientos como; que coma sola, que no coma o que se cocine otra comida distinta. Procurar mantener las normas y hábitos que toda la familia comparte, si son saludables.

Es importante recordar que este es un trastorno de conducta que indica que la persona está sufriendo de una insatisfacción que nada tiene que ver con su cuerpo. No sirve de nada valorar su aspecto físico ni siquiera positivamente.

Si se ha de hacer algo, señalar lo que hace y lo que ha dejado de hacer cuando es obvio.

Devolverle otras alternativas identitarias. Es decir relacionarse con la parte sana, hablarle de cosas que la devuelvan un paso atrás, recordarle quien Es genuinamente y lo que le interesa de verdad en la vida.

Cuando la conducta es muy evidente, conflictiva y hay mucha negación, hacerle de espejo, explicándole lo que está haciendo, con respeto y compasión. Poner límites, es decir poner los límites que yo necesito como madre, padre, pareja, terapeuta, para la convivencia y el vínculo. Para ello, se necesita firmeza y autoridad, es decir, delimitar cuales son las conductas patológicas que no pueden ser aceptadas, ser firmes y claros en ello.

En esta fase la familia sufre mucho. Para recibir acompañamiento y sostén, recomiendo acudir a la Associació Contra l’anorèxia i la bulímia. ACAB. www.acab.org, en caso de vivir en Cataluña, para recibir orientación en este sentido. Si vives en otro territorio infórmate de que asociación te puede acompañar.

Cuando la persona afectada es menor de edad o siendo mayor de edad acepta de algún modo hablar con alguien del asunto, la asociación hace un gran trabajo de ayuda a la toma de conciencia.

El Blog http://blocs.xarxanet.org/amb-llum-propia/ puede ayudar a personas que están en esta fase, si se encuentran con él en la red.

Los profesionales, psicólogas y terapeutas, nos encontramos con la dificultad de que si una persona no quiere curarse porque no tiene nada que curar, no podemos hacer nada por ella. Obviamente, estamos formados para trabajar y promover la toma de conciencia. Los centros de día y hospitalización van a ser los más adecuados para las personas cuyos síntomas sean graves y las consecuencias físicas ya hayan aparecido. 

Como terapeuta Gestalt, la toma de conciencia, la responsabilización respecto al síntoma y la expresión de las emociones que esconde, forman parte inseparable del trabajo terapéutico y esto sólo puede darse cuando los síntomas aún no son graves, no existe riesgo para la salud y la persona puede aceptar algo sobre su problema. Sólo en estos casos, se puede iniciar un proceso de terapia gestáltica.

En este caso, me pongo a disposición para atenderos en el correo martandujarc@gmail.com o martandujarc@gestaltcentre.es o en el teléfono 625640719.

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