Cómo explico y trabajo desde la Terapia Gestalt con una persona que tiene trastorno alimentario

Pirámide

Piensa en un iceberg. Lo que ves siempre es una pequeña parte del mismo. Como en un trastorno alimentario, vemos unas conductas extrañas, pero desconocemos todo lo que ha pasado y pasa debajo. Voy a intentar, en este artículo que te presento, hacer un viaje desde lo más superficial a lo más profundo de este trastorno.

Los expertos ya han hecho un gran trabajo en la definición del trastorno, así que la tomo para exponer brevemente lo que es. Un trastorno de la conducta alimentaria es una enfermedad mental, es decir un trastorno psicológico, puesto que cumple con unos criterios diagnósticos determinados para ello. Sin especificar entre bulimia, anorexia, trastorno por atracón o trastorno no especificado (esto lo podrás leer en próximos artículos), en general estás ante un trastorno en el que la persona experimenta una excesiva preocupación por su volumen corporal y necesita alterar sus hábitos alimentarios para controlar su peso, además de compensar lo ingerido o utilizar conductas purgativas, la persona dedica muchas horas de su tiempo y mucho espacio de su mente en esta cuestión, provocando que todas estas conductas contengan un alto grado de obsesividad y ritualismo. Todo este funcionamiento limita la vida de la persona, sus actividades y relaciones, y puede comprometer también, a largo plazo y dependiendo de la gravedad, su salud física.

Añado que a medida que el tiempo pasa, suelen agravarse los síntomas, la necesidad de control se incrementa y con ella también la posibilidad de episodios de ansiedad y voracidad; para el/ella es el temido descontrol. A esto se le llama el Modelo transdiagnóstico, y viene a decir que la anorexia y la bulimia son dos caras de la misma moneda y la persona suele transitar de la una a la otra según su momento vital.

Cuando los expertos hablan de enfermedad sin conciencia, lo que quieren decir es que, sobre todo en las fases iniciales, puede pasar que la persona se confunda con su síntoma, como si fueran una misma cosa, de forma que no tiene la capacidad de observarlo y tomar conciencia de él, esto se complica cuando tampoco es consciente del sufrimiento que le supone y por decir así, no sufre el problema sino que sólo lo “disfruta”. Así pues en un principio puede que no tenga ni conciencia de enfermedad ni de problema, a eso se le llama Fase Pre-contemplativa o fase de Luna de miel. Pues bien, en esta fase el trabajo terapéutico se llama terapia motivacional, es un trabajo muy específico y muy necesario, ayuda mucho a la persona a poder ver lo que no puede ver y cuando esto sucede la persona siente un gran alivio y puede empezar a trabajar más profundamente.

Entro ya en el Cómo, después de resumir brevemente el Qué y para ello te hablaré de una teoría ampliamente aceptada por todas las corrientes terapéuticas; se trata de la Función del síntoma:

El comportamiento descrito arriba es un conjunto de síntomas y todo síntoma tiene una doble función:

· Avisar. Alertar sobre un problema o desequilibrio.

· Procurar una solución alternativa al desequilibrio, una distracción suficientemente importante como para no tener que hacer frente al problema real. (en algún momento puede que esta solución alternativa fuera efectivamente la única solución posible)

En positivo, el síntoma ofrece la oportunidad de revisarse y reconsiderar la manera de funcionar, gracias a él la persona puede “sobrevivir” hasta estar preparada para reinventarse.

Cuando hablo de desequilibrio, hablo de algo que nos ocurre a tod@s en algunos momentos de nuestra vida, pero cuando alguien desarrolla anorexia o bulimia ha sucedido que de todas las posibles “soluciones alternativas” a su desequilibrio ha “escogido” (lo entrecomillo porque es una elección inconsciente) el trastorno alimentario, porque la alimentación y la imagen corporal propia tenían previamente un lugar importante en su historia emocional.

Aquí, ya he entrado en un segundo nivel psicoterapéutico: la toma de conciencia de todo lo explicado, es fundamental para poder ir estableciendo una distancia con el trastorno y poder observarlo, ver que está diciendo y ver también qué pasaba antes con el propio cuerpo y con la alimentación.

Cuando la persona comienza a poder ver el trastorno como algo ajeno a ella, puede empezar a diferenciarse del síntoma y ahí puede vivirse sana también. Sana significa capaz, fuerte y vulnerable, sensible y amorosa y puede entonces empezar a experimentar mayor satisfacción con lo que sí es.

A este desequilibrio que menciono, me gusta más llamarlo «sufrimiento interno no resuelto que se manifiesta en el presente aunque nació en el pasado». En la persona que sufre anorexia o bulimia este sufrimiento tiene un matiz común; autoexigencia extrema que produce una gran incoherencia entre lo que es y lo que pretende ser ante el mundo. Así sufre de una gran falta de aceptación, insatisfacción personal y un gran abandono de sí mism@.

La exigencia y la necesidad de satisfacer las expectativas de los demás, hacen que no pueda tener presentes sus propias necesidades ni tampoco sus propias emociones.

El ir abriendo todas estas vivencias emocionales nos sitúa en el tercer nivel del trabajo terapéutico; cuando el síntoma ha dejado de tener protagonismo y la persona tiene mayor seguridad, puede comenzar a escucharse y a identificar lo que ella necesita.

Al encontrar mayor autoapoyo y mayor aceptación de un@ mism@, el síntoma ya no tiene función que cumplir.

Como terapeuta, trato de ver a la persona que se esconde debajo del trastorno sin darle a éste demasiado protagonismo, apoyarla incondicionalmente y darle el espacio de seguridad, afecto y confianza para que pueda ir mostrándose y reconciliándose consigo misma.

Todo esto es un camino que vamos a recorrer durante un tiempo. Cuando el síntoma interrumpe con frecuencia el caminar, puede ser útil también recurrir a otros profesionales que ayuden en el proceso.

La anorexia y la bulimia se superan. Siempre con ayuda terapéutica y siempre que la persona decida recorrer el camino.

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2018-09-07T16:25:24+00:00Categories: Marta Andujar, Transtornos Alimentarios|

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