La Conciencia de enfermedad y la motivación para el cambio en los trastornos alimentarios: Contemplación y sensación/conciencia:

Este es el segundo de una serie de artículos sobre la conciencia de enfermedad y la motivación para el cambio en personas con trastorno alimentario, si lo deseas puedes leer el primer artículo clicando aquí, para poder entender mejor éste, yo te lo recomiendo.

Contemplar es observar detenidamente, considerar algo, centrar la atención con pasividad, es decir sin intervenir ni modificar esa realidad observada. Observarme sin pretender cambiar nada, es la actitud propia de la toma de conciencia y es una actitud imprescindible para que el cambio se pueda dar, siempre que se pretenda que el cambio sea verdadero.

Internamente, se experimenta un movimiento, una inquietud, una sensación de incomodidad o una emoción; ansiedad, rabia, vacío, decaimiento…

Alguna de estas cosas que la persona detecta la ponen en ese estado de observación que le permite identificar eso que le pasa. Todo esto ocurre internamente, es una experiencia íntima y casi siempre silenciosa.

Esta es una fase invisible, la diferencia con respecto a la fase anterior es que en aquella el estado anímico más visible es de euforia o de indiferencia mientras que en esta fase la persona está más bien triste y decaída.

Va sucediendo que en alguna otra dimensión interna, ella experimenta un sufrimiento mayor provocado por los síntomas. Es, en este otro lugar interno, donde la persona se sitúa para observarlo. Desde ahí ella puede ver lo que hace, ver que esto que hace no la satisface y también puede ver que no puede “evitarlo”. Experimenta una sensación de división, la que actúa impulsivamente y la que sufre por ello. Este es un momento importante, puesto que aunque ella siga haciendo síntomas, estos no la alivian tanto como antes, ya que inmediatamente después aparecen en ella emociones de enfado, tristeza, culpa o miedo.

También ocurre que aquellas necesidades no satisfechas de las que hablábamos en la fase anterior, siguen pidiendo satisfacción, y como todo lo neurótico, cada vez que hay un síntoma la persona se aleja más de satisfacerse realmente.Si necesita amor, la enfermedad la aísla, si necesita aceptación, la enfermedad la hace inaceptable, si necesita reconocimiento, la enfermedad la invalida. Así, el sufrimiento se va amontonando resultado cada vez más insoportable.

La persona que llega a pedir ayuda en esta fase lo hace con mucha dificultad, reconociendo algo muy indefinido, con rechazo a poner nombre a su problema, buscando algunas explicaciones adicionales que le sirvan para bajar la angustia o apelando a causas emocionales. Si se aprieta a la persona para que reconozca su problema, enseguida su parte no consciente se recompone y recurre a todos los introyectos y proyecciones (mecanismos de evitación que desarrollo más abajo) para quitarse de encima la etiqueta y el asunto.

Como he mencionado, aquí entran en juego principalmente dos mecanismos de defensa que ya sabemos que sirven para impedir este proceso de toma de conciencia y para mantener a la persona en la fase anterior. Uno de ellos es la proyección. La persona que se siente mal, sospecha del problema,pero al asustarsebusca en otros lugares las causas de su sufrimiento, es frecuente, por ejemplo, pedir ayuda terapéutica por problemas familiares o laborales, ansiedad, tristeza, baja autoestima o problemas emocionales en general.

El otro mecanismo preferido en esta fase, es la introyección. Los introyectos son todos aquellos mensajes internos aprendidos sobre cosas que sirven para mantener el trastorno (yo como sano, el azúcar es veneno, hay que hacer deporte, no soporto que maten animales para comer, soy intolerante al gluten, lactosa…etc…). Toman fuerza cuando internamente la persona está empezando a tomar conciencia de lo que le pasa, para impedírselo, por tanto ahora ocurrirá que a momentos van a estar más presentes.Estas ideas, valores, juicios aprendidos suelen orbitar alrededor de la comida y la imagen,  y están alineados con valores de la sociedad occidental por lo que los podemos tomar como “normales” con facilidad. Cuando la parte sana comienza a despertar y a observar que algo no va bien, la parte enferma necesita más argumentos para mantenerse y usa todos los que están a su alcance.

Estos debates pueden ser muy desgastantes, es mejor no entrar en ellos, recordar que forman parte de la resistencia al cambio, que ella sabe más que nosotras sobre nutrición y que no son ni verdad ni mentira, sólo que en este caso están ahí para mantener el problema, para nada más.

Hemos de pensar que la persona que empieza a darse cuenta de lo que le pasa, al abrirlo va a sentir que traiciona a una parte de ellaque hasta ahora había operado como una especie de amiga íntima e inseparable. Este tránsito entre darse cuenta y destaparlo, necesita de un tiempo.

En mi experiencia, me he encontrado personas que relatan que mientras se iban dando cuenta de lo que estaban haciendo, deseaban íntimamente ser descubiertas por sus familias, dejando señales y pistas, esperando no tener que traicionar a su “bicho” que es una de las dificultades más grandes que experimentan.

Este es un momento que requiere de una sensibilidad especial. Si se aprieta demasiado o se empuja a compartir, la persona puede retroceder rápidamente, si se la deja demasiado y no se aprovechan las señales que nos lanza, puede entrar en un estado de tristeza, culpa e impotencia que puede dar lugar a otros problemas como depresión, autolesiones, ansiedad.

El único canal de comunicación válido en este momento es el emocional, si llegamos a poder conversar empáticamente con su sufrimiento podremos recogerla ahí y ella podrá dejarse recoger.

Que hacemos en esta fase?

Si somos familiares, lo más importante es observar lo emocional que se presenta, a veces, sutilmente y a veces casi a gritos, dependiendo de la persona, pero que esconde casi siempre un “estoy mal” que pide ser descifrado. Poder recoger eso que aparece; la tristeza, el dolor, el miedo, la rabia. Aunque no sepamos más y solo sea un “me doy cuenta de tu tristeza”.

Es importante acompañar sin empujar, no mostrar más interés en la curación que la persona que lo sufre. Si yo tengo más interés que ella en que inicie un tratamiento, estaré sustituyendo su motivación y llamando a sus resistencias al cambio.

Familiares y terapeutasdebemos ser muy cuidadosos en no culpabilizar, hablar del trastorno como enfermedad no elegida, si tenemos la oportunidad de hablar de ello.

A veces eso basta para producir un desbloqueo que conduce a la persona a expresar algo más de lo está observando internamente.

Si esto pasa y existe un espacio terapéutico, es muy importante ponerle nombre al problema, hablar sobre él y acotarlo, desidentificar a la persona del trastornopara que no se confunda con él y desculpabilizarla para que no se bloquee. Es frecuente mostrar el trastorno como “el bicho” y ponerlo así, fuera de ella, para poder mirarlo mejor y poner mayor conciencia en ello.

Devolverle la proyección, cuando se enfade con lo que no es y ayudarla a sostener su dolor.

Y siguiendo en este espacio terapéutico, podemos seguir trabajando abriendo esta experiencia de división, desarrollarla, ayudar a hablar sobre ello, dar más voz a la parte observadora, escuchar su dolor. Ayudar a transformarlo en enfado con la parte “enferma”, es muy útil ese enfado porque es una energía confrontativa y luchadora contra lo dañino que le da fuerzas a la persona y la hace sentir poderosa y capaz.

En ocasiones, los terapeutas, cuando la persona está blandita y receptiva también podemos ayudarla explicándole pedagógicamente en qué consiste este trastorno. Informar objetivamente y sin personalizarlo, puede aliviar a la persona. Mi forma de explicarlo es la siguiente:

“Lo que te pasa tiene un nombre, se llama trastorno de la conducta alimentaria, le pasa a muchas otras personas, sobre todo a mujeres, de todas las edades y es un trastorno que consiste en haber desarrollado mucha incomodidad respecto al propio cuerpo, tanta como para considerar que la alimentación ha de ser controlada siempre. A partir de aquí, y eso depende de cada persona, el trastorno tiene dos caras; el control y el descontrol y en cada persona se configuran de una forma, hay quien se mantiene siempre en el control (Anorexia Nerviosa) y hay quien va de ese control al descontrol (Bulimia Nerviosa) y aquí el descontrol, que se vive con mucha angustia, puede ser, a veces, la forma como el organismo busca el equilibrio perdido. En todo caso, en ambos extremos, todas las personas que sufren de esta enfermedad, se sienten extremadamente mal consigo mismas y ese es el asunto de fondo. Sólo hay recuperación cuando la persona toma conciencia de todo esto y decide que ya no quiere esto en su vida, pide ayuda, prioriza su recuperación delante de otras cosas y le dedica el tiempo necesario al problema”. 

Como en la fase anterior, todo esto es aplicable cuando la salud de la persona no está comprometida por los síntomas. En caso de síntomas muy graves; infrapeso severo (menos de 16 IMC) o atracones y purgas diarias y una actitud muy agresiva, las recomendaciones son otras (ingreso involuntario) y no es objeto de este artículo desarrollarlas.

Siempre y sobretodo en las primeras fases las asociaciones de TCA nos ayudan mucho, tanto a la persona como a la familia:

Associació Contra l’Anorèxia i la Bulímia.

Si crees que estás en esta fase contemplativa, lee el blog Amb llum propia. Te hará sentir muy acompañada.

 Terapéuticamente, es posible en esta fase acompañar a la persona en su toma de conciencia, para estas situaciones mi propuesta, es un trabajo delimitado en el tiempo, en el que vamos a abrir y desarrollar tanto la conciencia de enfermedad como la motivación para el cambio, finalizando este proceso con la búsqueda de recursos terapéuticos especializados complementarios.

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